En mercados de la ciudad de La Paz, familias enteras se ven obligadas a madrugar y soportar largas filas, empujones y gritos para conseguir apenas un litro de aceite comestible, en medio de una creciente escasez del producto.

“Estamos haciendo fila desde las 4 de la mañana y solo nos venden un litro por persona”, relató una madre de familia que aguardaba con su hija en brazos. La situación se torna caótica cuando los camiones distribuidores llegan: gritos, empujones y discusiones estallan entre los compradores, desesperados por no quedarse sin el producto.
Los comerciantes aseguran que la cantidad de aceite que reciben es limitada y que no logran abastecer la demanda. “Nos llega poco y se acaba en minutos. La gente se molesta, pero no es culpa nuestra”, explicó un vendedor del sector.
La tensión ha llegado al punto de que algunos ciudadanos intentaron retener camiones mayoristas para exigir la venta directa por unidad, una medida que refleja la gravedad del problema y la falta de control en la distribución.
La escasez de aceite en La Paz no solo evidencia un problema de abastecimiento, sino también una creciente preocupación social. Mientras las autoridades aún no emiten una solución clara, las familias continúan madrugando y enfrentando situaciones de riesgo por un producto esencial en la canasta básica. La incertidumbre persiste, y con ella, la angustia de quienes solo buscan alimentar a sus hogares.


