El primer Centro de Atención y Derivación de Fauna Silvestre de Bolivia, ubicado en el municipio de Viacha, atraviesa una profunda crisis que amenaza su continuidad. Denuncias por maltrato animal, falta de recursos, abandono institucional y conflictos internos han puesto en jaque a una de las pocas iniciativas estatales dedicadas al rescate y rehabilitación de animales silvestres víctimas del tráfico ilegal y otras formas de violencia.

El centro, que fue inaugurado en 2022 con apoyo del Gobierno Autónomo Municipal de Viacha y el Viceministerio de Medio Ambiente, fue concebido como un modelo para la protección de la biodiversidad. Sin embargo, tres años después, enfrenta un panorama desolador: animales en condiciones precarias, personal sin capacitación adecuada y una administración cuestionada por organizaciones defensoras de los derechos animales.
Una de las denuncias más graves proviene de exfuncionarios y voluntarios, quienes aseguran que algunos animales han muerto por negligencia, mientras que otros viven en espacios inadecuados o sin atención veterinaria. “Lo que debía ser un refugio se ha convertido en un lugar de sufrimiento”, declaró una activista que pidió mantener su identidad en reserva.
Pese a la gravedad de las denuncias, las autoridades nacionales y municipales han evitado pronunciarse públicamente. El Ministerio de Medio Ambiente no ha emitido ningún informe oficial, y el gobierno local de Viacha ha limitado sus declaraciones a promesas de “evaluación interna”.
Organizaciones ambientalistas han exigido una auditoría independiente y la reestructuración del centro. “No se puede permitir que un espacio creado para salvar vidas termine siendo un riesgo para los mismos animales que pretende proteger”, afirmó un representante de la Red Boliviana de Protección Animal.


