Investigaciones presentadas en la Asamblea General de la Alianza Evangélica Mundial (WEA) revelaron que el continente ha pasado de representar el 8% de la población cristiana evangélica global en 1960 a superar el 25% en la actualidad, con una cifra estimada de creyentes que oscila entre los 600 y 650 millones.

Según el investigador cristiano Jason Mandryk, África es responsable de casi el 70% del crecimiento cristiano total que se registra hoy en el mundo. Este avance masivo contrasta con el crecimiento «modesto» que se observa en las naciones occidentales.
Mandryk, durante su intervención en Seúl, identificó varios factores clave que impulsan esta explosión demográfica de la fe: la urbanización, la predicación activa y el discipulado familiar. Estas dinámicas han desmantelado el antiguo prejuicio que vinculaba al cristianismo y el evangelicalismo exclusivamente con la «religión del hombre blanco», una noción que, según el experto, está quedando rápidamente en el pasado.
Sin embargo, este crecimiento acelerado presenta un desafío significativo en términos de liderazgo: la falta de formación teológica formal. Se estima que cerca del 90% de los líderes evangélicos africanos carece de estudios teológicos reconocidos.
David Tarus, de la Asociación de Evangélicos en África, advirtió sobre los peligros asociados a esta brecha educativa, como el sincretismo, la división y la proliferación de la teología de la prosperidad. Tarus enfatizó que la solución es descentralizar la educación teológica, llevándola directamente a las iglesias locales, tal como se hacía históricamente, con líderes capacitándose «bajo los árboles» debido a las barreras económicas y de tiempo que impiden a la mayoría acceder a institutos formales.
A pesar de las controversias y la necesidad de una mayor solidez doctrinal, África exhibe una de las tasas de retención generacional más altas, donde la mayoría de los jóvenes se mantiene firme en la fe que recibieron de sus padres al llegar a la edad adulta.


