Expertos en energía y geopolítica señalan que la orden de asfixiar el tráfico de crudo podría paralizar los ingresos del Estado venezolano. Mientras el mercado global reacciona con alzas moderadas, la economía interna de Venezuela se enfrenta a una crisis de liquidez sin precedentes.

El reciente anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la implementación de un bloqueo «total y completo» a los buques petroleros sancionados que operan con Venezuela ha generado una ola de advertencias por parte de especialistas. Analistas internacionales coinciden en que esta medida, que busca desmantelar la denominada «flota fantasma», podría tener efectos catastróficos para la administración de Nicolás Maduro al cortar su principal arteria de financiamiento.
De acuerdo con Francisco Monaldi, director del Programa de Energía de América Latina del Instituto Baker, esta escalada no tiene precedentes cercanos. El bloqueo físico de las embarcaciones que transportan crudo hacia mercados como China, que absorbe cerca del 70% de las exportaciones venezolanas, significa que el país dejaría de recibir divisas esenciales no solo para el funcionamiento del Estado, sino para la importación de bienes básicos. En las últimas 48 horas, se ha reportado que al menos seis tanqueros han cambiado su rumbo o fondeado fuera de las costas venezolanas para evitar la confiscación por parte de las fuerzas navales estadounidenses.
Por su parte, economistas como José Guerra destacan que el impacto se sentirá de inmediato en la estabilidad del bolívar. Con una industria petrolera ya debilitada por años de desinversión, la imposibilidad de colocar el crudo en el mercado internacional acelerará la devaluación y profundizará el desabastecimiento interno. A diferencia de sanciones previas, este bloqueo naval directo representa una barrera física que difícilmente podrá ser esquivada mediante maniobras de trasbordo en alta mar, técnica utilizada frecuentemente por la red logística de Caracas.


