En medio de un creciente escándalo por el suministro de combustible fuera de norma y procesos judiciales en curso, Margot Ayala dejó su cargo defendiendo su gestión y señalando la existencia de redes de corrupción.

Este miércoles, Margot Ayala presentó su renuncia irrevocable como directora ejecutiva de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), convirtiéndose en la primera baja de alto perfil en la administración del actual Gobierno. La dimisión se produce en un escenario de alta tensión, marcado por las quejas constantes del sector transporte sobre la mala calidad de la gasolina y las recientes investigaciones fiscales que involucran a la entidad reguladora.
Durante su última conferencia de prensa, una Ayala visiblemente afectada deslindó responsabilidades sobre el control exhaustivo de los carburantes. Según explicó, la normativa vigente limita a la ANH a realizar análisis básicos, mientras que la certificación completa de calidad es competencia directa del operador, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). Sin embargo, reveló que bajo su gestión se detectaron lotes de combustible con niveles de goma superiores a lo permitido, lo que derivó en el precintado de tanques y ductos para proteger a los usuarios.
La exautoridad no solo atribuyó la crisis a deficiencias técnicas, sino que denunció abiertamente haber sido blanco de ataques sistemáticos por intentar «limpiar» la institución. Según su testimonio, el relevo de personal antiguo por técnicos especializados afectó intereses de grupos que operaban internamente, lo que habría desencadenado presiones externas y una campaña de desprestigio en su contra.


