La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha emitido una seria advertencia sobre el riesgo de hambruna en Bolivia, señalando que el país atraviesa una fase crítica de inseguridad alimentaria aguda, agravada por una prolongada crisis económica, inflación persistente y escasez de combustibles.

El informe conjunto de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) coloca a Bolivia entre los países latinoamericanos que requieren monitoreo urgente. Se prevé que entre junio y octubre de este año, la situación alimentaria se deteriore aún más debido a la disminución de las reservas internacionales y la pérdida del poder adquisitivo de los hogares.
Según el reporte, cerca de 2,2 millones de personas —el 19% de la población— ya se encontraban en situación de inseguridad alimentaria aguda en octubre de 2024. La situación podría empeorar si no se toman medidas inmediatas.
La escasez de combustible, que afecta tanto al transporte como a la producción agrícola, es otro factor clave en esta crisis. Bolivia depende en gran medida de las importaciones para abastecer su mercado interno: importa casi el 90% del diésel y más de la mitad de la gasolina. Los retrasos en la adquisición de estos recursos están afectando directamente la producción de alimentos, especialmente de maíz, cuya cosecha ya fue inferior al promedio el año pasado.
Además, el cambio climático y fenómenos meteorológicos extremos han reducido la capacidad de respuesta del sector agrícola, profundizando la vulnerabilidad de las comunidades rurales.
La ONU ha instado a las autoridades bolivianas y a la comunidad internacional a tomar medidas urgentes para evitar una crisis humanitaria. Entre las recomendaciones figuran el fortalecimiento de los programas de asistencia alimentaria, la estabilización macroeconómica y la mejora en la distribución de combustibles para garantizar la producción agrícola.


