Bolivia enfrenta una preocupante tendencia en su comercio exterior: el país ha registrado un déficit comercial acumulado de 818,2 millones de dólares en lo que va del año, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Esta cifra refleja siete meses consecutivos de saldos negativos, una situación que no se veía desde hace varios años.

El deterioro de la balanza comercial comenzó en octubre de 2024 y se ha intensificado en los primeros meses de 2025. Solo en abril, el déficit alcanzó los 137,1 millones de dólares, lo que representa un incremento de más del 1.600% respecto al mismo mes del año anterior. Las exportaciones cayeron un 8%, mientras que las importaciones aumentaron en igual proporción, profundizando el desequilibrio.
Los sectores más afectados han sido los hidrocarburos y la industria manufacturera. Las exportaciones de gas natural, por ejemplo, se redujeron en un 37% respecto a 2024, lo que significó una pérdida de 39 millones de dólares solo entre marzo y abril. En contraste, la minería fue el único sector con crecimiento, destacando el zinc y la plata como los principales productos exportados.
Por el lado de las importaciones, aunque también se registró una caída del 6,1% en el primer cuatrimestre, Bolivia continúa dependiendo fuertemente de la compra de combustibles, insumos industriales y bienes de capital. China, Brasil y Argentina siguen siendo los principales proveedores, aunque las compras a estos países también han disminuido.
Fernando Romero, presidente del Colegio de Economistas de Tarija, advierte que esta situación refleja una fragilidad estructural en la economía boliviana. “La escasez de divisas está limitando tanto el consumo interno como la capacidad de importar insumos o exportar productos. Estamos viendo señales claras de estancamiento económico”, señaló.


