El esperado debate vicepresidencial entre Juan Pablo Velasco, candidato por la Alianza Libre, y Edman Lara, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), dejó un sabor amargo entre analistas, políticos y ciudadanos. Lejos de ofrecer propuestas claras para enfrentar la crisis económica y los desafíos legislativos, el encuentro se convirtió en un cruce de ataques personales, con escasa profundidad programática y un tono que muchos calificaron de inmaduro.
Durante el evento, Lara centró gran parte de su intervención en acusaciones relacionadas con presuntos tuits racistas atribuidos a Velasco, mientras este intentó evadir el tema apelando a la necesidad de “hablar del futuro”. Sin embargo, ninguno logró articular una visión concreta sobre cómo liderar la Asamblea Legislativa Plurinacional ni presentar planes para enfrentar la inflación, atraer inversión o mejorar la gobernabilidad.
Manfred Reyes Villa, alcalde de Cochabamba y ex candidato presidencial, lamentó que el debate haya estado marcado por “soberbia, agresividad y prepotencia”, sin propuestas serias que respondan a los problemas del país. Samuel Doria Medina, empresario y también ex candidato, lo calificó como “muy pobre”, señalando que el encuentro generó expectativas que no fueron satisfechas.
La politóloga Ana Lucía Velasco expresó su preocupación por la falta de altura política de ambos candidatos, mientras que el analista Rolando Schrupp lo describió como “una oportunidad perdida” para debatir ideas, y advirtió sobre el riesgo de tener líderes improvisados en un momento crítico para Bolivia. Por su parte, Gonzalo Chávez y el periodista Gabriel Romano coincidieron en que el nivel del debate fue decepcionante, con consignas vacías y escasa preparación.
El debate vicepresidencial, lejos de fortalecer el proceso electoral, ha generado inquietud sobre la calidad del liderazgo que podría asumir funciones legislativas clave. La ciudadanía espera que el próximo debate presidencial eleve el nivel del discurso político y ofrezca respuestas concretas a los desafíos que enfrenta Bolivia. La urgencia de propuestas serias y responsables se hace cada vez más evidente en un contexto de crisis y desconfianza institucional.


