A más de dos años de su puesta en marcha, la Planta Industrial de Carbonato de Litio, ubicada en la localidad de Llipi (Potosí), ha operado a menos del 15% de su capacidad instalada desde su inauguración en 2023, la falta de insumos y problemas técnicos frenan la promesa de industrialización del «oro blanco».

El complejo industrial presenta un desempeño significativamente menor al proyectado, la factoría no ha logrado superar el 15% de su potencial productivo, una cifra que enciende las alarmas sobre la viabilidad y el ritmo de la industrialización de los recursos evaporítivos en el país.
Inaugurada con grandes expectativas en diciembre de 2023, la planta fue diseñada para ser el pilar de la diversificación económica de Bolivia frente a la disminución de las reservas de gas natural. Sin embargo, diversos factores han obstaculizado su avance, entre ellos las dificultades logísticas, la provisión irregular de insumos básicos y desafíos en la eficiencia de los procesos químicos necesarios para alcanzar grados de pureza comercial competitivos.
Este panorama se produce en un momento crítico para la economía nacional, que urge de nuevas fuentes de divisas. Mientras tanto, proyectos paralelos y contratos con empresas extranjeras de Rusia y China permanecen bajo análisis legislativo o judicial, lo que impide una aceleración en la captación de inversiones y tecnología necesaria para optimizar la producción en el Salar de Uyuni.


