A 48 horas de que Margot Ayala presentara su renuncia irrevocable a la dirección de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), el Gobierno de Rodrigo Paz aún no ha designado a un sucesor. Esta acefalía institucional ocurre en un momento crítico para el sector energético, marcado por bloqueos de caminos y crecientes denuncias del transporte pesado sobre la mala calidad del combustible, que estaría provocando daños severos en los motores de los vehículos.

La salida de Ayala, ocurrida el pasado miércoles, se produjo bajo un clima de alta tensión. La ahora exautoridad denunció ser víctima de una presunta red de corrupción que buscaba su destitución. Sin embargo, su gestión fue duramente cuestionada por diversos sectores sociales. Víctor Tarqui, dirigente de la Confederación de Choferes de Bolivia, señaló que la gestión de Ayala fue deficiente en cuanto al trato y la atención de las demandas del autotransporte, instando al Ejecutivo a nombrar a un profesional probo que garantice la calidad de los carburantes.
Mientras el cargo permanece vacante, el malestar se traslada a las carreteras. En el Trópico de Cochabamba, el Transporte Libre ha iniciado medidas de presión exigiendo el retiro inmediato de la gasolina defectuosa que circula en el mercado. A esta situación se suma un reporte de desabastecimiento leve en Santa Cruz, aunque en el resto del país la distribución parece mantenerse en niveles regulares.
Por su parte, el presidente de YPFB, Yussef Akly, se limitó a declarar que se respeta la decisión personal de Ayala, sin dar mayores detalles sobre la transición de mando en la entidad reguladora.


