Al cumplirse los primeros cien días de Rodrigo Paz como figura relevante en el escenario político actual, la Asamblea Legislativa Plurinacional se encuentra fragmentada. Mientras el oficialismo y sectores aliados defienden la gestión como un periodo de ordenamiento y planificación, la oposición critica la falta de resultados tangibles y una supuesta desconexión con las demandas urgentes de la población, generando un clima de polarización en el ente fiscalizador.

El balance de este primer trimestre de gestión ha profundizado la brecha ideológica entre las diferentes bancadas. Desde el ala que apoya la administración de Paz, se destaca que este tiempo ha sido fundamental para establecer las bases de nuevos proyectos de ley y para realizar un diagnóstico real del estado de las instituciones. Según estos legisladores, los «100 días» son un hito simbólico que permite proyectar una estabilidad a mediano plazo, priorizando la transparencia administrativa sobre el efectismo inmediato.
Por el contrario, los parlamentarios críticos sostienen que el periodo ha estado marcado por la inacción. Las voces opositoras señalan que no se han visto avances significativos en materia económica ni en la resolución de conflictos sociales pendientes. Para este sector, la gestión de Paz se ha limitado a un discurso conciliador que no se traduce en políticas públicas efectivas, calificando este inicio de mandato como una «oportunidad perdida» para generar cambios estructurales en el país.
El debate no solo se centra en los resultados, sino también en el estilo de liderazgo. Miembros de la Asamblea han manifestado que la relación entre el Legislativo y el Ejecutivo, bajo esta gestión, requiere de mecanismos de diálogo más fluidos para evitar el estancamiento de normativas clave que el país necesita para su reactivación.


