El satélite SMILE fue lanzado con éxito al espacio este martes desde la Guayana Francesa con la misión de estudiar cómo los vientos solares interactúan con el campo magnético de la Tierra. El proyecto busca mejorar la capacidad de anticipar tormentas solares que podrían afectar sistemas de comunicación, navegación y redes eléctricas en el planeta.

La misión espacial SMILE, desarrollada mediante una cooperación entre China y Europa, inició oficialmente sus operaciones tras ser puesta en órbita por el lanzador europeo Vega-C desde el centro espacial de Kourou, en la Guayana Francesa. El satélite fue diseñado para analizar el comportamiento de los vientos solares y comprender de mejor manera el denominado “clima espacial”.
El objetivo principal de la misión es observar cómo las partículas expulsadas por el Sol impactan contra la magnetosfera terrestre, que actúa como un escudo natural frente a la radiación y las tormentas solares. Los científicos esperan que la información obtenida permita desarrollar sistemas más precisos para anticipar fenómenos capaces de alterar satélites, telecomunicaciones y servicios de navegación como el GPS.
Las tormentas solares son eventos frecuentes en el espacio, aunque pocas veces alcanzan niveles extremos. Uno de los casos más recordados ocurrió en 1989, cuando una fuerte tormenta magnética dejó sin energía eléctrica a millones de personas en Canadá durante varias horas, tras afectar la infraestructura energética del país.
Según los responsables del proyecto, el satélite trabajará durante al menos tres años a unos 120.000 kilómetros de altitud. Más de 2.500 científicos participan en esta iniciativa internacional, considerada una colaboración poco habitual entre agencias espaciales europeas y chinas.


