Texas enfrenta una de las peores catástrofes naturales de su historia reciente tras intensas lluvias que provocaron inundaciones repentinas, cobrando la vida de al menos 89 personas y dejando a decenas desaparecidas.

Las lluvias torrenciales que comenzaron el pasado 4 de julio con motivo del Día de la Independencia se convirtieron en una pesadilla para miles de residentes en Texas. En apenas tres días, las precipitaciones provocaron el desbordamiento de ríos como el Guadalupe, arrasando comunidades enteras y dejando un saldo devastador: al menos 89 muertos, incluidos 28 niños, y 41 personas aún desaparecidas.
El condado de Kerr ha sido identificado como el epicentro de la tragedia, donde se reportaron más de 60 víctimas mortales. Entre los desaparecidos se encuentran 10 niñas y una consejera del campamento Camp Mystic, ubicado a orillas del río Guadalupe, que fue arrasado por una crecida repentina de más de 8 metros en menos de una hora.
Las labores de rescate continúan, aunque se han visto obstaculizadas por el riesgo de nuevas inundaciones. El Servicio Meteorológico Nacional advirtió que podrían registrarse lluvias de hasta 17 centímetros por hora, lo que aumentaría el peligro de escorrentías e inundaciones repentinas.
La tragedia ha movilizado a autoridades locales, estatales y federales. El gobierno de Estados Unidos declaró el estado de desastre en varias zonas afectadas, lo que permitirá el envío de recursos adicionales y asistencia humanitaria. Equipos de rescate, voluntarios y organizaciones civiles trabajan contrarreloj para encontrar sobrevivientes y brindar apoyo a los damnificados.
Mientras las comunidades intentan recuperarse del impacto, las autoridades insisten en la necesidad de reforzar los sistemas de alerta temprana y preparación ante fenómenos climáticos extremos, cuya frecuencia e intensidad parecen ir en aumento.


