La situación de los cristianos en el norte de Mozambique vuelve a generar alarma internacional luego de una nueva ola de ataques atribuidos a grupos extremistas vinculados al Estado Islámico. Iglesias destruidas, comunidades desplazadas y asesinatos de civiles forman parte de un escenario que se ha intensificado en la provincia de Cabo Delgado, una de las regiones más afectadas por la violencia en los últimos años.

Diversas organizaciones religiosas y de derechos humanos denunciaron que los ataques contra comunidades cristianas continúan expandiéndose en el norte de Mozambique, especialmente en la provincia de Cabo Delgado. Los hechos más recientes incluyen la destrucción de templos, la quema de instalaciones religiosas y agresiones contra pobladores que residen en zonas rurales.
Entre los casos que más impacto causó se encuentra el ataque contra la histórica iglesia de San Luis de Montfort, en la localidad de Meza, donde grupos armados incendiaron el templo y otras edificaciones vinculadas a la parroquia. El hecho fue atribuido a extremistas relacionados con la organización Estado Islámico que opera en la región.
La Conferencia Episcopal de Mozambique expresó su preocupación por la escalada de violencia y condenó los ataques contra iglesias y símbolos religiosos. Los obispos señalaron que estas acciones representan una amenaza contra la libertad religiosa y afectan no solo a los creyentes, sino también a la estabilidad social de todo el país.
Según informes de organismos internacionales, la insurgencia armada en Cabo Delgado se mantiene activa desde 2017 y ha provocado miles de muertes y más de un millón de desplazados. Los grupos radicales han dirigido ataques tanto contra comunidades cristianas como contra musulmanes que rechazan sus ideologías extremistas, generando un clima permanente de temor entre la población.
Líderes religiosos también destacaron que representantes de la comunidad musulmana mozambiqueña rechazaron públicamente estos actos de violencia y expresaron solidaridad con las víctimas. Diversas organizaciones insistieron en que el extremismo no representa a la mayoría de los creyentes musulmanes del país y llamaron a fortalecer la convivencia pacífica entre religiones.
Mientras tanto, entidades humanitarias continúan solicitando apoyo internacional para atender a miles de familias desplazadas que enfrentan dificultades para acceder a alimentos, atención médica y refugio. La persistencia de los ataques ha complicado las labores de asistencia y ha incrementado la vulnerabilidad de mujeres y niños afectados por el conflicto.


