En una nueva escalada de su política proteccionista, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este martes la imposición inmediata de un arancel del 50% a las importaciones de cobre. Además, advirtió que evalúa aplicar un arancel de hasta el 200% a los productos farmacéuticos fabricados fuera del país, si las compañías no trasladan su producción a territorio estadounidense.

La medida, que sorprendió a los mercados, fue presentada como parte de una estrategia para “proteger la industria nacional y recuperar empleos estadounidenses”. Trump justificó el arancel al cobre como una respuesta a lo que calificó como “competencia desleal” de países que subsidian su producción, en una clara alusión a China y otros exportadores latinoamericanos.
En cuanto a la industria farmacéutica, el mandatario fue aún más tajante: “Si quieren vender medicamentos en Estados Unidos, deben fabricarlos aquí. Si no lo hacen, enfrentarán un arancel del 200%”, declaró durante un mitin en Ohio.
La decisión ha generado preocupación entre analistas económicos, quienes advierten que estas medidas podrían provocar represalias comerciales y afectar la cadena de suministro global. El cobre, esencial para sectores como la construcción y la tecnología, podría encarecerse significativamente, afectando tanto a consumidores como a industrias manufactureras.
Por su parte, representantes del sector farmacéutico expresaron su alarma ante la posible imposición de aranceles tan elevados, señalando que trasladar la producción a EE.UU. requeriría años de inversión y adaptación.
Sin embargo, el impacto económico y diplomático de estos aranceles podría ser profundo, especialmente si se concretan las amenazas contra la industria farmacéutica. El mundo observa con atención cómo estas decisiones podrían reconfigurar el comercio global en los próximos meses.


