El Ministerio de Inteligencia de Irán ha detenido recientemente a 54 cristianos, acusándolos de espionaje y actividades contra la seguridad nacional. La noticia fue difundida por la televisión estatal antes de que se iniciara cualquier proceso judicial, lo que ha generado preocupación internacional por la violación del debido proceso y los derechos humanos.

Según organizaciones como Open Doors y Article18, los detenidos fueron obligados a realizar confesiones televisadas, en las que se presentaron prácticas religiosas comunes , como la oración, el culto y el bautismo, como amenazas a la seguridad del Estado. Además, se incautaron Biblias, literatura cristiana e incluso manuales de Alcohólicos Anónimos, considerados por las autoridades como “material subversivo”.
El régimen iraní ha insinuado vínculos entre los cristianos evangélicos y agencias de inteligencia extranjeras como el Mossad, aunque no ha presentado pruebas concretas. De los 54 arrestados, al menos 11 han sido liberados bajo fianza, mientras que el resto permanece en prisión. La mayoría de ellos son conversos que practican su fe en secreto debido a la falta de iglesias reconocidas en el país.
Defensores de la libertad religiosa denuncian que estas acciones buscan intimidar y criminalizar a toda la comunidad cristiana de habla persa. La narrativa oficial, que equipara la fe cristiana con delitos graves, refuerza el aislamiento y la estigmatización de esta minoría. Irán ocupa el noveno lugar en la Lista Mundial de Persecución, y la situación se ha agravado tras el conflicto reciente con Israel.
La comunidad internacional, junto con organizaciones de derechos humanos, ha sido llamada a ejercer presión diplomática y manifestar solidaridad con los cristianos iraníes. La situación exige atención urgente para garantizar que la libertad de culto no continúe siendo vulnerada en uno de los países con mayor índice de persecución religiosa.


