El presidente electo de Bolivia, Rodrigo Paz, en las horas previas a su investidura, ha manifestado su intención de liderar un gobierno de firmeza y concertación, asegurando que tenderá la mano a quienes deseen aportar al desarrollo del país. Sin embargo, Paz lanzó una advertencia clara, indicando que aquellos que busquen obstaculizar la gestión o no se alineen con el bien común deberán «atenerse a las consecuencias» derivadas del marco legal y constitucional.

En declaraciones previas a la asunción del mando, Paz ha enfatizado la necesidad de retomar la institucionalidad y dejar atrás la confrontación, buscando construir consensos amplios. El líder electo ha señalado que su administración se enfocará en transparentar acuerdos y resolver urgencias nacionales, especialmente en el ámbito económico y de servicios básicos, como la distribución de combustibles.
El mensaje busca equilibrar un llamado a la reconciliación nacional con la promesa de una gestión ejecutiva fuerte y decidida. Se espera que el nuevo gobierno promueva el diálogo con todos los sectores, incluyendo a las fuerzas políticas en la Asamblea Legislativa Plurinacional. No obstante, la firmeza anunciada sugiere una tolerancia nula a las acciones que interprete como desestabilizadoras o contrarias a los intereses populares, lo que implica una aplicación rigurosa de la ley en caso de obstrucción o corrupción.
Paz ha reiterado la importancia de restablecer las relaciones internacionales de Bolivia, buscando el respaldo de naciones amigas para superar la actual coyuntura.


