El Gobierno de Estados Unidos, a través de su Departamento de Estado, manifestó su firme respaldo al paquete de reformas estructurales promulgado por el presidente Rodrigo Paz bajo el Decreto Supremo 5503. Mediante un comunicado oficial, la administración de Joe Biden calificó las medidas, que incluyen el fin de la subvención a los carburantes, como una «corrección de rumbo necesaria» para restaurar la estabilidad financiera del país y atraer capitales extranjeros tras dos décadas de gestión estatalista.

El respaldo de la Casa Blanca llega en un momento crítico para Bolivia, marcado por la transición hacia un modelo de mercado tras la declaración de Emergencia Económica Nacional. El secretario de Estado, Marco Rubio, destacó que la apertura a la inversión internacional y el respeto al Estado de derecho son pilares esenciales para desbloquear el potencial económico boliviano. Según el pronunciamiento, Washington reconoce que el camino del ajuste no será sencillo para la población, pero considera que es el cimiento indispensable para una prosperidad sostenible.
Como parte de este acercamiento diplomático y comercial, una misión oficial de funcionarios estadounidenses ya se encuentra en territorio boliviano. Su objetivo es facilitar encuentros con sectores empresariales y autoridades gubernamentales para explorar vías de inversión en áreas estratégicas. Por su parte, el canciller boliviano, Fernando Aramayo, confirmó que el país busca no solo apoyo financiero directo, sino también el fortalecimiento de la asociación bilateral mediante acuerdos que podrían incluir mecanismos de intercambio de divisas (currency swap) y la explotación de recursos energéticos.
A diferencia de la tensión interna que el Decreto 5503 ha generado en diversos sectores sociales y sindicales, quienes denuncian un impacto severo en la canasta familiar, el apoyo de Estados Unidos actúa como un «balón de oxígeno» para el Gobierno de Paz. Este respaldo externo es interpretado por analistas como una señal positiva para los mercados internacionales, lo que podría acelerar el desembolso de créditos multilaterales y la llegada de capitales privados en el corto plazo.
El aval de Washington al programa de ajuste de Rodrigo Paz marca un hito en la reconfiguración de la política exterior boliviana. Mientras el país enfrenta el desafío de contener el malestar social derivado del «gasolinazo», el compromiso de colaboración expresado por Estados Unidos posiciona a Bolivia como un nuevo destino estratégico para el comercio regional. El éxito de esta alianza dependerá de que las inversiones prometidas se traduzcan en beneficios tangibles para la ciudadanía antes de que la presión social por el alza de precios erosione la gobernabilidad del nuevo Ejecutivo.


