Mediante una entrevista, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó la tensión diplomática con Venezuela al declarar que el mandato de Nicolás Madura tiene los días «contados», descartando la posibilidad de una invasión terrestre con tropas de Estados Unidos para forzar el cambio de régimen en el país sudamericano.

El Gobierno de Trump ha sido uno de los principales detractores del régimen venezolano, no reconociendo la legitimidad de Maduro y acusándolo de liderar el «Cartel de los Soles», siendo esta postura reforzada por el despliegue de una presencia militar sin precedentes en la región desde mediados de año, bajo la operación denominada «Lanza del Sur», que oficialmente busca combatir el narcotráfico. Esta operación ha incluído acciones que han resultado en la destrucción de embarcaciones y la baja de personas acusadas por Washington de ser «narcoterroristas».
A pesar de la retórica hostil, se conoció que Trump y Maduro sostuvieron una conversación telefónica en noviembre, descrita como «cordial» por fuentes del «The Washington Post», aunque el líder estadounidense manifestó su deseo de que Maduro renunciara, no se estableció ningún ultimátum, y ambos acordaron mantener futuros contactos.
Mientras la operación «Lanza del Sur» continúa en la región, las palabras del presidente estadounidense aseguran que la crisis venezolana sigue siendo una prioridad de política exterior para Estados Unidos, con consecuencias inciertas a corto plazo para el gobierno de Nicolás Maduro.


