Richard Kahn y Darren Indyke, los asistentes más cercanos del financiero, mantienen el control absoluto sobre su fortuna y archivos privados, despertando interrogantes sobre el destino final de sus secretos.

A varios años del fallecimiento de Jeffrey Epstein, el control de su vasta y polémica herencia permanece en manos de dos figuras que operan desde la discreción absoluta: Darren Indyke y Richard Kahn. Como albaceas del patrimonio, ambos abogados no solo gestionan millones de dólares, sino que custodian información sensible que podría ser clave para entender la red de influencias y abusos que rodeó al financiero.
Indyke y Kahn fueron, durante décadas, los pilares operativos de la estructura de Epstein. Indyke actuó como su abogado personal, mientras que Kahn se encargaba de la contabilidad y las finanzas. Su lealtad fue recompensada apenas dos días antes de la muerte de Epstein en una celda de Manhattan, cuando este firmó un testamento de última hora nombrándolos administradores de su fideicomiso. Esta posición les otorga una autoridad legal que ha sido cuestionada por las víctimas y por investigadores judiciales.
A diferencia de Ghislaine Maxwell, quien enfrentó un juicio público y una condena, estos dos asistentes han logrado mantenerse fuera del banquillo de los acusados. Sin embargo, su rol actual es objeto de escrutinio constante. Se encargan de liquidar activos, como las propiedades de lujo en Nueva York, Florida y las Islas Vírgenes, y de gestionar el fondo de compensación para las víctimas. A pesar de esto, muchos críticos señalan que su control sobre los documentos privados de Epstein les otorga un poder implícito sobre las figuras poderosas que alguna vez frecuentaron al magnate.


